¿Celebrar las heridas?

¿Celebrar las heridas?

Por: Yamid Castiblanco, S.J.

        18 de mayo de 2021

La Compañía de Jesús conmemora este 20 de mayo los 500 años de la herida por bala de cañón que Iñigo López de Loyola recibió en su pierna mientras defendía Pamplona del asedio francés. No es una efeméride más. Es una celebración. Y sí, por extraño que parezca, hay heridas que se pueden celebrar. Como es bien sabido, aquel golpe lo puso al borde de la muerte y lo dejó cojo, destrozando para siempre las ilusiones de un Iñigo obsesionado con la fama, el éxito y el poder…  Sin embargo, de esa herida brotó también un llamado sorpresivo. De ese Iñigo roto, pero confiado, el Señor logró hacer al San Ignacio que recordamos agradecidos por su inmenso legado. 

Mientras estaba en su convalecencia, Iñigo se hundió como muchos ante los diferentes golpes de la vida, en la desesperación, la rabia, la impotencia, el sinsentido… El dolor y las dudas ante nuestro valor, nuestras pérdidas, nuestros fracasos pueden llevarnos incluso a una batalla con Dios y con nosotros mismos, a pensar que no existen otros caminos, a enterrarnos en nuestras rutinas y conformismo; a quedarnos para siempre llorando sobre lo que pudo haber sido y no fue.

No obstante, así como para Iñigo, las heridas y las crisis (siendo a veces nosotros mismos los causantes) pueden ser un momento privilegiado para escuchar la voz de Dios, a menudo ahogada por nuestro yo enfermo o autosuficiente. Cuando las máscaras se rompen, los espejismos se desvanecen y aún los más bonitos y legítimos proyectos se frustran, se abre la posibilidad de perseguir una vida auténtica o de encontrar mayor realización y sentido en otro horizonte.

La historia de Iñigo podría haber terminado como la de un hombre amargado, encerrado en sí mismo o abandonado únicamente a sus fuerzas, Iñigo hubiera podido terminar sus días como un hombre promedio de su época. Sin embargo, gracias a que se dejó cautivar por la persona de Jesús y la vida de los santos, a que se esforzó por buscar y hallar a Dios entre tantas voces de su interior, gracias a que se entregó junto a otros para la mayor gloria, ya no de él, sino del Señor y del Reino de Dios para el bien de la humanidad, hoy podemos celebrar que por entre una herida nació el verdadero Ignacio.

De heridas grandes y pequeñas pueden surgir preguntas profundas o hacer más audibles los llamados que Dios te hace a una vida movida por el amor y el servicio. ¿Estás dispuesto a escuchar y a responder? Que el Señor permita que un día nuestras heridas sean motivo de celebración… de apertura a un nuevo camino de autenticidad, entrega y felicidad verdadera.

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