Hacer una pausa para echar un vistazo a la propia realidad

Hacer una pausa para echar un vistazo a la propia realidad

  • Joven Aspirante a la Compañía de Jesús

El grupo de jóvenes aspirantes a la Compañía de Jesús en Colombia vive un tiempo de oración acompañada. Es un tiempo para identificar aquellos elementos, que sitúan a la persona en la perspectiva del encuentro con Dios. Un camino de fortalecimiento de la relación humano-divina, ámbito donde es posible captar la voluntad de Dios. A continuación el compartir de un joven aspirante que vive la experiencia:

 

Durante esta semana recibimos una invitación muy importante por parte del Señor, personalmente durante los tres primeros días me llevó a lugares de los cuales durante mucho tiempo quise huir, pues no es fácil enfrentarse con realidades que duelen, que incomodan e interpelan, pero luego entiendes que es la única manera en la que puedes empezar a limpiar, purificar, sanar y sobre todo tomar conciencia sobre el amor de Dios, tu existencia y caminar en el mundo.

Hacer una pausa para echar un vistazo a la propia realidad, sentir el llamado a no ser indiferente ante las necesidades y sufrimientos de los otros, renunciar al mal hábito de justificar y hasta consentir nuestros pecados y fallas, reconocer la invitación que nos hace el creador a no hacer parte de los que se acostumbran y normalizan tantas cosas que duelen y nos alejan de Él, ese es un regalo del Señor.

Han surgido preguntas como estas:

¿Qué cosas he realizado o realizo en mi vida que me apartan del Señor?

¿Cómo vencer el pecado?

¿Cuál es la misión que Dios me ha encomendado?

¿Por qué en este momento de mi vida y no antes?

¿he sido indiferente ante el dolor de mis hermanos?

¿Cómo dejar que el señor me convierta en un instrumento más efectivo en favor de los otros?

¿Por qué el hombre camina en contravía del amor del Dios?

¿Qué estoy dispuesto a hacer para cumplir con la voluntad del Padre?

Por otra parte, como lo vimos el segundo día con el tema de la oración, caminamos en una línea muy delgada entre la el pecado y la santidad, esa santidad que hoy entiendo no como perfección, sino como una bella lucha contra el mal, contra todo aquello que en ocasiones se acerca en su mejor versión para hacernos caer en tentación y que por supuesto va en oposición a lo que Dios desea para nosotros, es por eso que me reconozco incapaz de caminar sin su compañía, sin su luz.  Pido la gracia de estar atento, expectante, vigilante y dispuesto a dejarme corregir por Él cuantas veces se haga necesario.

El tercer día fue uno de los más fuertes de la semana, pues no es fácil reconocer nuestra ingratitud ante la inmedible muestra de amor por parte de Nuestro Salvador, es quizá el momento en que he podido sentir con más intensidad mi deseo de responder a tanta misericordia, de corregirme, amarlo y serle fiel.

El cuarto y el quinto día se convirtieron en el bálsamo que deseaba recibir desde hace tanto tiempo, fue un momento perfecto para dejarme abrazar por Nuestro Señor, para entender que Él es mi Padre, tu Padre, que me quiere y te quiere, que me ama y te ama, que no nos juzga, pero que siempre esta esperando que correspondamos a su amor.

Hoy me siento más libre, tranquilo, confiado, comprometido y por supuesto amado.