Experiencias de Encuentro on-line

  • Vocaciones Jesuitas Colombia
  • Autor: Jóvenes en Discernimiento Vocacional

Entre el pasado 18 y 20 de mayo, el grupo de jóvenes candidatos a la Compañía de Jesús en Colombia vivieron un encuentro personal mediado por las tecnologías de información y comunicación de internet. El encuentro permitió que los jóvenes candidatos y jóvenes del noviciado pudieran interactuar, en espacios de conocimiento mutuo, oración, examen de conciencia, y acercamiento a la vida en la etapa de noviciado.

A continuación el sentir de los jóvenes en discernimiento vocacional sobre la experiencia:

Juan Guillermo: El Señor, quien guía nuestro caminar, gracias a la tecnología y los medios de comunicación, nos permitió que, aun en este confinamiento, los Candidatos a la Compañía de Jesús, dispersos en diferentes regiones del territorio nacional, este año nos pudiéramos congregar fraternalmente, en un mismo sentir de ánimo, compartiendo como Hermanos y Compañeros en el Señor, con la Comunidad del Noviciado de la Provincia Colombiana de la Compañía de Jesús, ubicado en Medellín.

El encuentro virtual tuvo como epicentro de comunicaciones la capital del Departamento de Antioquia, lugar donde se encuentra el Noviciado. Desde allí, los Novicios, con gran preparación, dedicación, y sobre todo con muchísimo amor y alegría, nos trasmitieron lo que ha sido su vivencia durante dicha etapa de formación como Jesuitas, de configuración con Jesucristo, de estar constantemente con Él.

Si bien a cada uno de los Candidatos y participantes en el encuentro nos separaba de la Casa del Noviciado en Medellín una pantalla de un computador, o de un celular, y la distancia física, a algunos incluso desde los extremos del país, todos, Candidatos, Novicios, Formadores del Noviciado y Equipo de la Misión Vocacional nos sentíamos unidos y cercanos en el Espíritu, tal como lo mencionaba uno de los Novicios, “un poco al modo de los Primeros Compañeros, quienes, aún en la distancia, se sentían cercanos los unos de los otros como Compañeros de Jesús”.

Profunda alegría y convicción de que los sostiene y anima aquel que los llamó a ser sus Compañeros, el mismo Jesucristo, en completa libertad, es lo que percibí en todos y cada uno de los miembros de la Comunidad del Noviciado San Estanislao de Kostka, en Medellín. A los Novicios se les iluminaba el rostro, se les veían muy contentos y felices cuando nos contaban sus experiencias vitales de este tiempo de formación y cómo el Señor se ha ido mostrando propicio y cercano en sus vidas.

En la oración nos sabíamos unidos y congregados en un mismo sentir los unos con los otros, en el Espíritu y la alegría del Señor Resucitado, convencidos que es Él quien nos convoca, nos guía, nos sostiene y nos envía a la misión, como auténticos compañeros y hermanos, llamados por puro amor e iniciativa de Él, a estar con Él en esta mínima Compañía.

Favio David: Algún tiempo atrás fue programado un encuentro. A primera vista, se asomaba lo imposible. No hay forma, decía el orgullo; Qué lástima esta situación, replicaba algún pensamiento trasnochado de melancolía por la ausencia de perspectivas sensoriales; Vamos a hacer de tripas corazón, replicaban los acostumbrados a la separación. Y el Señor, generoso como siempre, nos ofrecía una forma diferente de ver la realidad de la Resurrección en la que la esperanza reina, en la que el Espíritu nos ha venido entrenando. Nos hemos venido acostumbrando durante algunas semanas a dejarnos unir en la oración por este nuevo medio, donde lo central es el Encuentro: la respuesta emocionada a un amor compasivo que nos mira y nos acaricia el corazón con ternura. Y en ese baile de amor y alegría comunitaria te manifestaste, volviste, te quedaste como presencia consoladora, nos llevaste al noviciado, a Medellín, pero más allá incluso, nos llevaste a la alegría, al silencio, a pensar en nuestro rumbo y a desearlo. Tu Espíritu dándonos vida nueva no se cansa de sorprendernos, de abrazarnos, de prometer el regreso. Y esto, Señor: tú presencia y tú promesa, es lo más importante para mí.

David Leonardo: ¡Llena de sorpresas! Así fue mi experiencia en el encuentro con el noviciado San Estanislao de Kostka. Fueron tres días maravillosos, cada uno lleno de sentimientos de alegría por el compartir cercano que tuvimos, un compartir que sobrepasó los límites de la distancia y arribó al corazón. Desde el comienzo sentí la fraternidad, el primer día nos estábamos presentando para conocernos un poco entre candidatos y novicios, y detrás de cada nombre descubrí a un ser lleno de expectativas, ansioso por hacer de la vivencia que apenas comenzaba una experiencia inolvidable. Empezamos jugando mímica, compartiendo anécdotas y risas, y de este modo poco a poco fuimos ensanchando el corazón. Sin lugar a duda, los novicios nos acogieron como hermanos y nos hicieron sentir presentes en el Noviciado.

De esta forma, el encuentro con el Noviciado ha sido muy grato, me voy lleno de alegría y gozo, profundamente motivado a seguir soñando despierto, a entregar mi vida, a compartir con los pobres y a caminar junto a mis hermanos, quienes me hacen sentir realmente en Compañía de Jesús. Solo tengo sentimientos de agradecimiento por tan sentido y especial encuentro, ha dejado huella en mi corazón. La misa de cierre me hizo sentir enviado a compartir con los demás esta consolación, y a mantenerme firme aún en los miedos y en las dificultades.

Queridos amigos en el Señor, muchas gracias.

Michael Luis: Al principio fue algo difícil imaginarme un encurto virtual, me preguntaba si sería igual que estar presente y poder ver el noviciado y la vida de los novicios. Al poder vivir la experiencia on-line pude sentirme como en el noviciado, era evidente para mí que no era así, pero sentir la acogida de los novicios y los formadores fue como estar ahí, pude descubrir que a pesar de la distancia ellos comunican alegría, eso fue lo más significativo, pude experimentar a través de la pantalla ese felicidad con la que viven, el empeño y dedicación que ponen a lo que hacen, y fue realmente valioso el esfuerzo que hicieron para comunicarse y transmitirnos la experiencia de noviciado que ellos están viviendo. Me sentí en profunda unión con ellos, hubo momentos en los que la pantalla desaparecía y me sentía allá con ellos, eso fue gracia al gran empeño y amor que pusieron a la visita que les hicimos.

Fabian Alveiro: Dios nos llama de diferentes formas, nos llama en la escucha de la palabra, en el servicio al prójimo, en la lectura de su vida, en el encuentro con la voluntad de Dios. Cada momento de esta visita se ha convertido en un encuentro con mi realidad y mi deseo que es deseo de Dios. He reconocido que es Dios el capitán de este barco que tiene claro su rumbo, me ha dicho: “para en aquel puerto y reabastece la nave”. Así ha sido, he escuchado su voz, me he encontrado con Él y sigo su voluntad. El encuentro es la gracia de reconocer el actuar del Espíritu en la vida de aquel que ha sido llamado, y con gran humildad recibe esa gracia, y discierne lo que trata de decir en el encuentro. Él habla al corazón a través de los grandes y pequeños signos, no se calla ni en el silencio de una voz humilde que silencia su boca pedigüeña para saber escuchar lo que en el encuentro retumba, la voluntad de Dios. Me deja mucho que aprender este encuentro, navegamos en un océano muy basto de realidades y posibilidades, y es ahí donde nos encontramos con Dios. El encuentro donde el Espíritu se mueve según su voluntad.

Juan Andrés: La visita on - line al noviciado me generó varios sentimientos. Al principio no sabía que esperar de una experiencia así, estaba expectante al desarrollo de las actividades, pero a medida que fue pasando el tiempo me asombró la creatividad del equipo vocacional, y de la comunidad del noviciado, para hacernos sentir realmente inmersos en una experiencia profunda de discernimiento.

En cada espacio dispuesto para el conocimiento de esta etapa de formación del jesuita y la comprensión del deseo propio y de Dios para nuestra vida, vi, entre otras cosas, el actuar del Espíritu en el encuentro y en la vida del novicio, especialmente del don de fortaleza.

La fortaleza que demostraba el equipo vocacional para no desanimarse frente a las vicisitudes que surgían en algunas ocasiones, como la mala conectividad; sino que los impulsaba a no conformarse con lo “que se pudo hacer” sino a “buscar un poco más (magis).

Durante las oraciones experimenté distintos movimientos internos, y el poder compartirlos con personas con las que poco o nada había tenido contacto, sin miedo a sentirme “juzgado”, me permitía sentir la fraternidad que existe entre seguidores de Cristo. Ahí también veía reflejada la fortaleza.

En la dimensión de la vida de la comunitaria darme cuenta que Dios llama, pero no llama en solitario; llama con un grupo de hermanos que, a pesar de ser tan distintos, tienen un mismo horizonte que es Jesús. Y es gracias a ese horizonte en común que se obtiene la fortaleza necesaria para vencer las diferencias.

En la dimensión apostólica la fortaleza de los novicios para vencer sus escrúpulos y repelencias, y realizar las acciones que les desagradaban o no querían hacer por diferentes motivos. Una fortaleza que no era voluntarista, porque salía del interior del corazón incomprensiblemente.

Y siento que así viví y comprendí el don de la fortaleza del Espíritu Santo, un don que impulsa y motiva a continuar con la ardua labor dando lo mejor de cada uno, a pesar del cansancio y agotamiento físico y mental, porque se siente que el desgaste es por algo que para uno vale la pena. Y así fue, porque a pesar de lo extenuados que nos hallábamos todos, no nos queríamos despegar de la pantalla, ni que terminara la visita, por la consolación que nos transmitía a ambas partes.

Andrés Felipe: El noviciado jesuita, es algo de la cual tenía gran expectativa al conocer, ya que de esa etapa de formación solamente he escuchado buenos comentarios y experiencias. Poder realizar esta visita, aunque de manera virtual, me sorprendió como los novicios a través de este medio lograron involucrarnos y meternos en su hogar mostrándonos sus vidas de una forma cercana, como si fuéramos sus amigos, nos abrieron su corazón contando anécdotas y testimonios personales, los cuales me preparan para este gran proceso de conversión.

Desde el lunes hasta el miércoles me sentí con mucha alegría en el corazón de saber el estilo de vida que me invita el Señor. La forma como viven, lo que hacen y desarrollan en ese lugar va mucho con lo que soy, que es vivir en el campo, ir apostolados, hacer oración, jugar y recibir formación. Esta experiencia me dejo bastante motivado para seguir haciendo silencios en mis días y nunca parar de buscar la voluntad de Dios.

Luis Felipe: La fe consiste una experiencia de encuentro con Dios, de encuentro con la persona de Jesucristo. Los días que vivimos nos han demostrado que, como decía Pedro Arrupe S. J., “tan cerca de nosotros no había estado el Señor”, pues hemos podido descubrir nuestra propia fragilidad para ponerla en manos de Dios, y, en el mismo sentido, jamás hemos estado más cerca los unos de los otros, pues aunque pareciera que existen más barreras lo cierto es que, por distintos medios, nos hemos podido hacer uno en compañía y en comunión. Podría, entonces, parecernos que para “encontrarnos” habríamos de necesitar la presencia física de los unos junto a los otros, pero más cierto es que la experiencia del encuentro consiste en un diálogo “de corazón a corazón”, en el distanciamiento y la aparente ausencia son trascendidos por la unión de los corazones en amistad, en cercanía espiritual, en la presencia de Jesucristo que nos hace a todos uno solo.

Cristian Darío: Cuando hablamos de algo “fuerte” solemos imaginarnos un elemento o material resistente, duro, sólido. Pensemos en cualquier edificación que necesita mantenerse en pie; lo más seguro es que para su construcción se empleen materiales lo suficientemente resistentes, para que con el paso del tiempo eviten un colapso de toda la estructura. Lo anterior, que parece ser tan obvio, puede ayudarnos a comprender el don de fortaleza; ya no hablamos entonces de una edificación o estructura, hablamos de la propia vida. ¿Cuáles son los elementos que necesitamos para afrontar una vida con tantos relieves? Para un hombre de fe dicha fuerza no viene de lo material y pasajero, viene del mismo Dios, viene ante todo del reconocimiento de la propia fragilidad, porque quiso Dios hacer de lo frágil algo fuerte y sólido; quiso Dios Encarnarse y nacer en medio de la fragilidad de un pesebre y no en las fortalezas de un magno castillo. Dios quiere mostrarnos que Él transforma nuestras flaquezas y debilidades, en grandes fortalezas, que Él potencia en nosotros todos nuestros talentos, para hacernos fuertes y fortalecer a los demás. No es por lo tanto una fuerza material sino más bien una fuerza espiritual la que Dios nos brinda, para asumir con valentía tantos retos y desafíos que a lo largo de la vida experimentamos. Recordemos, es en nuestra misma fragilidad donde encontramos la fuerza de Dios.

Después de una grata (y única en su historia) visita al Noviciado, pude ver y experimentar esa fuerza de Dios. La fragilidad humana que se ve impactada por un virus que nos mantiene en confinamiento; se ve también transformada por la fuerza de la unión, que nos mantuvo por 3 días conectados, aunque de forma remota y distante, en una misma pantalla y con un mismo corazón.

Jeison Andrés: Cuando supe que la visita al noviciado sería virtual surgieron en mí muchas preguntas: ¿cómo podremos conocer el noviciado de forma virtual? ¿Cómo podremos compartir experiencias tan importantes y personales a través de una pantalla? ¿Cómo conocer este espacio físico el cual me gusta tanto? Sin embargo, siempre estaba abierto a la novedad y esperaba con mucha curiosidad este evento, jamás había vivido una visita virtual.

La visita se llevó a cabo durante tres días, cada día tenía un enfoque diferente. Fue una experiencia fenomenal, se sintió el paso de Dios en mi vida. Hablar con los novicios, con sus formadores, ver la felicidad con la que viven su vida y su vocación me invitan y me ayuda a tomar esta decisión, si es voluntad de Dios, con mucha valentía y fortaleza, a no temer ni desalentarse aunque todo se torne difícil. Durante todos estos días de visita pude constatar cómo el espíritu de fortaleza es una gracia con la cual Dios viene en ayuda de sus hijos, como él por medio de su espíritu nos capacita para superar nuestra debilidad, para responder con amor y entereza al llamado que nos hace.

Las personas que él llama no son personas perfectas, ni mucho menos superhéroes, pero es en nuestras debilidades y en nuestros límites donde justamente nos muestra su amor, y nos da su fortaleza. Esto lo pude constatar el último día, los novicios son hombres que se saben amados por Dios, que aunque débiles y frágiles siempre confían en la fortaleza que Dios les da, así él mismo los capacita para entregar su vida por el Evangelio y por Jesús día a día.

Esta experiencia de visita virtual al noviciado me deja muchas enseñanzas, entre ellas a confiar en Dios para así poder responder cada día a lo que él me llama. A no temer a mis límites y fragilidades porque es justo ahí donde él opera dándome su fortaleza, porque como dice pablo: “llevamos un tesoro en vasijas de barro”.

En conclusión, la experiencia fue extraordinaria, me deja con un corazón encendido y confiado, con deseos de vivir y experimentar el amor y la fortaleza de Dios, con ansias de que Dios obre en mí, así como él ha obrado en cada uno de estos jóvenes ayudándolos y alentándolos.

Edgar José: Yacía dentro de mi corazón el deseo, el anhelo, la añoranza de vivir este grato encuentro de la histórica pero real visita al noviciado San Estanislao de Kostka de Medellín. Muchas inquietudes suscitaban desde días anteriores, lo cual llevó a disponer mi vida para encontrar respuestas a mi vocación al seguimiento de Jesús configurada en San Ignacio de Loyola Fundador de la Compañía de Jesús.

La experiencia de encuentro con los novicios jesuitas desde su inicio hasta su final ha sido para mi como una obra musical que con sus alteraciones: bemoles y sostenidos…y dinámicas: piano, forte, crecendo, decrecendo…necesitaba lograr un final encantador, un final esperanzador, un final feliz. Por eso cada momento que viví iba produciendo unos matices que le dieron sentido a la llama de mi vocación. Momentos como las oraciones y las pausas que permitieron mejorar partes de la melodía que hicieron sentir paz, tranquilidad y mucha confianza y al mismo tiempo reconocer y aceptar que a pesar de mis fragilidades y temores, Dios me sigue amando y me sigue llamando a seguir a su hijo.

El momento Kostka y la presentación de las dimensiones imprimieron en dicha melodía un carácter alegre y emotivo dando las pautas para vivir esta etapa de enamoramiento, lo cual reafirmo mi deseo de ser Jesuita. Seguidamente se da un momento fuerte en la obra musical como el panel de preguntas que, con sus alteraciones y el juego de intervalos de tiempos, generó esa sensación de expectativa y por fin la aclaración de las dudas que inicialmente tenía. Llegando al final de la obra, el momento más esperado, la experiencia de reunión da por sentada su intención con la expresión más grande de amor legada por Jesús, el centro de mi vocación: la fracción del pan. Momento en el cual dejé una vez más, en las manos y voluntad de Dios este gran deseo, el deseo de ser Jesuita.

Esta sinfonía, esta experiencia de encuentro la denomino “Mi barca, el rumbo al verdadero amor” que logra un final que no había sentido y vivido hace mucho tiempo, pues mi vida aferrada a lo material solo lograba una efímera y falsa felicidad. Un final que me llevó a disfrutar la sinfonía acompañada del exquisito sabor de la combinación de brevas, arequipe y cuajada donde la mezcla de los tres sabores generó una única y auténtica sensación de felicidad, así sucede con la experiencia del misterio trinitario que estuvo presente en el encuentro, pues al ser tres personas distintas son un solo Dios y eso de por sí da mucha felicidad. Por eso a Él y al equipo vocacional doy infinitas gracias por haber permitido ser parte de la elaboración de dicha sinfonía.