María Madre de la Iglesia y de la Compañía, signo de esperanza y consuelo de una Iglesia en Camino

  • Vocaciones Jesuitas Colombia
  • Autor: Jóvenes en Discernimiento Vocacional

María enseñó a caminar a Aquel que es el camino. Y como iglesia peregrina que somos, estamos llamados a recorrer ese camino; que no es una autopista 4G que se transita en auto, sino una trocha que se camina a
pie.

Y en este caminar, que es la vida, encontramos, y encontraremos, piedras de tropiezo y rocas que nos pueden hacer caer, y cuando caemos nos herimos… y sangramos… pero podemos acudir a María, quien conoce del dolor y frustración; y está deseosa por consolarnos, como consoló a Jesús de niño, como lo hizo en el viacrucis y como lo hizo en la crucifixión con su compañía. Con esto María nos enseña que el consuelo no va en grandes discursos o palabrerías vacuas, sino en acciones, y en una cercanía que transmita calor humano.

Dios solo tuvo un hijo no pecador, Jesús, más no un hijo sin sufrimiento; inclusive él, el más amado fue uno de los que más sufrió. Así que no nos asustemos ante el dolor, porque es inevitable, y muchas veces vamos a sangrar.

Dios es consciente de eso, y por eso nos ha facilitado a María, como fuente de consolación; porque además de saber sobre dolor y sufrimiento, también sabe de “remendar corazones” cómo lo hizo con los apóstoles.

Y en eso consiste la consolación, en remendar nuestro corazón sangrante, no ignorando o atenuando nuestro dolor, sino dándole una nueva perspectiva en base al cariño que nos tiene un “Dios que nos ama y permanece con nosotros hasta el final, y nos prepara un lugar junto a él”.

Sin embargo el consuelo, sin sueños, o nuevas ilusiones no es nada.

Y es aquí cuando necesitamos a la esperanza.

La esperanza no radica en que no se turbe nuestro corazón, sino en no dejar que las lágrimas apaguen nuestros sueños, así como lo hizo María, que en viernes santo, a pesar de su dolor y sufrimiento, no dejo de confiar en el triunfo de su hijo, y en su futura resurrección, a pesar de que todo alrededor indicara lo contrario.

María nos ha enseñado que el ser una persona soñadora y llena de esperanza requiere de hidalguía y valor, virtudes características de la juventud, ya que la esperanza solo brota de corazones jóvenes, de corazones que “han nacido de nuevo” como dice el evangelio y el papa, sin importar la edad.

Entonces preguntémonos: ¿si nosotros contamos con ese “corazón nuevo” capaz de transmitir esperanza y consuelo a los demás como María?

María enseñó a caminar a Aquel que es el camino, y hoy sigue enseñando a sus otros hijos, reunidos en la iglesia, a caminar por ese camino que ella ayudó a formar, transitó y conoce bien; por eso pidámosle a ella que nos ayude a ser pues, SIGNO DE ESPERANZA Y CONSUELO de ESTA IGLESIA EN CAMINO para construir un mundo mejor, un mundo más humano y más feliz.

Si quieres conocer otras reflexiones sobre el lugar de María en la vida del cristiano, descarga el PDF: "orar con María por las vocaciones" una propuesta de oración, para caminar junto a María en la búsqueda de respuestas al llamado que él señor hace a cada uno.