Las mujeres en la vida del Hijo, reflejo de la ternura del Padre

  • Vocaciones Jesuitas Colombia
  • Autor: Jóvenes en Discernimiento Vocacional

En aquel tiempo, Jesús iba caminando por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus
malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete
demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que
les servían con sus bienes. Lucas 8, 1-3.

“La ternura puede indicar, precisamente, nuestro modo de recibir hoy la misericordia divina. La ternura se nos desvela, junto al rostro paterno, el materno de Dios, de un Dios enamorado del hombre, que nos ama con un amor infinitamente más grande que el que tiene una madre por sus propios hijos. Ocurra lo que ocurra, hagamos lo que hagamos, tenemos la certeza de que Dios es cercano, comprensible, dispuesto a conmoverse por nosotros”. Papa Francisco

 

El seguimiento ocupa un lugar importante en los evangelios sinópticos (Marcos, Lucas y Mateo), y las mujeres, antes, durante y después de la pasión de Jesús ofrecen un llamativo contrapunto al comportamiento de los hombres. A continuación, compartimos miradas masculinas percatadas de aquella mirada femenina que comunica ternura:

Juan Guillermo:

Arrullo de Dios,
susurro y caricia, misterio de Amor,
es la ternura, ternura de Dios,
que se hace patente en la comunión,
del Padre y el Hijo, Espíritu de Amor,
que conoce lo frágil de su creación,
por ello nos deja su acción y su don,
en cada abrazo inmenso y sin condición,
de la mujer madre, nuestra propia madre,
hermana y abuela, amiga y canción,
que como María, Modelo de Amor,
supo ser al tiempo discípula y madre,
compañera fiel, mensaje de Amor,
supo ser ternura, ternura de Dios.

 

Favio David: La fuerza de las mujeres que acompañaron a Jesús está en su ternura, en esa palabra que
acaricia, que acoge y sostiene con amor.

En las mujeres que acompañaron a Jesús destaca una valentía especial, una fidelidad a prueba de fuego. Las mujeres lo protegieron, lo acompañaron, lo entendieron. Le regalaron su fuerza y su vitalidad y jamás se rindieron de buscar, en medio de la injusticia y el dolor, una esperanza que mantuviera viva esa llama que había despertado en la tierra de los frágiles. Al pie de la cruz están viendo cumplidas las profecías y sin embargo siguen pidiendo al cielo por nosotros. Y es que su fuerza está en su ternura, en esa palabra que acaricia, que nos promete, que nos sostienen y nos acoge con infinita paciencia, con un amor cuyo misterio se nos escapa y nos vuelve a buscar en nuestras horas de tribulación. A la hora del dolor recuerda y resiste, en la ternura está nuestro valor.

 

Jeison Andrés: De Dios emana la ternura en todo su esplendor, y son las mujeres quienes quiénes más
acogen y comparten este don.

La ternura puede definirse como una actitud de cariño y afabilidad, donde el afecto, la delicadeza y la suavidad pueden ser las expresiones más auténticas de esta. Y ¿en quiénes se puede contemplar esta actitud hoy día? En las mujeres. Ellas como madres, amigas, esposas, hermanas, etc. son los canales de la fuente única y perfecta de la ternura: Dios. De él emana la ternura en todo su esplendor, pero son ellas las que siempre están abiertas a recibirla, y compartirla con quienes las rodean. Madres que lo dan todo por sus hijos, mujeres en la iglesia que dan sin medida y con todo el amor posible, etc. son ellas el rostro maternal de Dios, quienes le ayudan a Él a poner lo agradable, lo cordial, lo cariñosos en un mundo lleno de conflicto y de negatividad, es Dios a través de ellas quienes iluminan las penumbras de la vida.

 

David Leonardo: Basta una mirada para que la ternura se manifieste y el corazón se ablande. ¡Sentida
ternura! Eres más que eso, eres el rostro de un Dios cercano y de amor.

Una mirada, solo basta una mirada para que la ternura se manifieste y el corazón se ablande. Esa mirada penetrante es acogedora; abraza, comprende y transmite paz, entra en lo más profundo del ser, allí donde se forjan los sueños y deseos, y es capaz de conmover. Las manos desgastadas de mi abuela, el cariño de mi madre, la risa de mi padre, la compañía de mis hermanos, el cantar de las aves, el color alegre de las plantas, allí descubro una mirada tierna. La ternura es la expresión más sincera de amor de la humanidad y de la creación, es la expresión de la vida, una vida auténtica de entrega y apertura. ¡Sentida ternura! Eres más que eso, eres relación, eres el rostro de un Dios cercano y de amor.

 

Cristian Darío: La ternura, don precioso latente en toda la Creación, en la suave brisa…

La expresión concreta del infinito amor que Dios tiene hacia el hombre es la ternura. Este don
precioso se hace latente en toda su Creación: en la suave brisa en medio de un bosque, en los
colores vivos de un hermoso paisaje y hasta en la misma infinitud de un bello y estrellado
firmamento. Pero se hace presente, de forma especial, en la humanidad. Es Jesús quien nos
muestra el rostro del Padre y nos hace conocer su ternura, nos capacita para ser ternura ante
un mundo que insiste en replegarse sobre sí mismo, nos capacita para saber darnos y
entregarnos a los demás, sin medida, sin recelo. La ternura, como el amor de Dios por la
humanidad, nunca pasará.

 

Andrés Camilo: La ternura de Dios se manifiesta en el amor. Y Jesucristo nos muestra el camino que lleva al auténtico amor.

La ternura de Dios se manifiesta en el amor. Jesucristo ha venido para mostrar el camino que lleva al auténtico amor. Él nos mueve al cambio con su cercanía y compasión. Él nos acompaña y guía. Él está presente en nuestra vida, especialmente en las personas cercanas, aquellas que con su ternura y colaboración, comunican la confianza de un amor que siempre permanece y florece en los gestos de ternura que hoy son nuestra salvación.

 

Andrés Felipe: En la oración del Rosario descubro la ternura de Dios. En cada misterio contemplo a una
madre que amo la prenda de nuestra salvación.

Contemplo a María en el Rosario y descubro la ternura de Dios. Medito cada misterio de esta sencilla oración y experimento la ternura de las madres por sus hijos. Fue María quien le cargó, lo cuidó y lo acompañó en diferentes momentos de su vida. Agradezco todos los momentos de gozo, de dolor, de iluminación y de gloria del Señor. El nacimiento me ayuda a ver a un Dios que nace pobre, y que se reveló primero a los más humildes. Su gloria, su acción de sanación y redención, comenzó por la suave insinuación de una madre que tiernamente lo invitó; y me consuela ver que mi Señor, en medio de tanto dolor, y a punto de morir, le pide a su madre que adopte a toda la humanidad. Todo mi ser se consuela al ver que el amor por María permanece hasta hoy.

 

Juan Andrés: La ternura es un sentimiento divino en cuanto lo incomprensible de su naturaleza, pero
humano en tanto que es una característica propia de nuestra raza

La ternura son acciones brotadas desde un corazón alegre, hacia un corazón que necesita consolación. Es un sentimiento divino en cuanto lo incomprensible de su naturaleza, pero humano en tanto que es una característica propia de nuestra raza; y a pesar de ser la raíz del “amor”, no se confunde con este, en cuanto a que ella implica proactividad, proactividad en la cual ambos corazones encuentran reciprocidad en la alegría mutua por la esperanza trasmitida. En pocas palabras, la ternura es la caricia que Dios hace por medio de nuestras manos.

 

Fabián Alveiro: La ternura de Dios es amor que viene de lo alto, es medicina que cura al mundo de
egoísmos...

 

Dios, fuente de la ternura eterna

“Así como la mujer es el camino por el que llega la vida al mundo, la ternura es el camino por donde transita el amor del eterno padre, y llega a los ojos del corazón para limpiarlo del miedo, del egoísmo y le da vida en abundancia”

 

Está en la naturaleza de la vida encontrar el sabor amargo de la tristeza y del dolor, esto destruye la verdad del amor, que se expresa en la ternura; la ternura de Dios es el amor que viene de lo alto, es la medicina que puede curar al mundo, que está lleno de egoísmos sociales. La vida terrenal nos llega a través de una expresión de amor y sacrificio de una mujer, y de Dios que es un Padre - ¡tu Padre!- lleno de ternura, de infinito amor. Los hijos de Dios estamos llamados a acoger esa ternura, y a transmitirla al mundo entero, tan necesitado de comprensión, de justicia, de unión social; que la ternura sea esa sabiduría que parece ingenua, pero que es la mirada más lúcida al corazón del ser humano, porque es la mirada de Dios. Que nuestro amor y sacrificio den vida al mundo como las mujeres, que son puente de la ternura divina.