Experiencia de inserción en la comunidad San Pedro Canisio, S.J.

  • Vocaciones Jesuitas Colombia
  • 21 de marzo del 2020
  • Autor: Candidatos a la Compañía de Jesús

No llegaba aun la mitad del año 2019, cuando, por esas circunstancias de la vida, el Señor, que no se deja ganar en generosidad, me permitió conocer al Director del Plan Vocacional de la Compañía de Jesús, P. Ricardo Delgado S.J., quien, luego de escuchar las inquietudes vocacionales que han acompañado mi historia de vida, me planteó la posibilidad de realizar el proceso de discernimiento vocacional “Manresa”.

Al cabo de unos meses, luego del triduo de ejercicios espirituales realizados en el marco del “Encuentro Claver”, en junio de 2019, pude sentir y descubrir de un modo admirable, casi que con estupor, —tratando de describir una experiencia que sobrepasa el mero relato–, el Amor de Dios en mi vida, su presencia constante en mi caminar; pude constatar cómo Jesús ha ido actuando y acompañándome como verdadero compañero de camino, y al tiempo me insiste en que confíe y que, como San Ignacio de Loyola, me siga dejando acompañar de su mano, como un niño.

Con asombro, con expectativas, y con más preguntas que respuestas, el 09 de agosto de 2019, la Casa Manresa de Bogotá comenzó otro año de labores, y con ello, la experiencia de discernimiento vocacional de mis compañeros de camino y la mía propia. Han sido meses de encuentro con Jesús en la oración, en la Eucaristía y en el hermano, ha sido tiempo de acompañamiento, de conocimiento de Jesús y de cada uno de nosotros. De ver la manera tan sencilla y discreta, y a la vez admirable, del paso y del actuar de Dios en nuestra vida.

Y así, continuando con el discernimiento, llegó el mes de enero de 2020, y con el nuevo año, más regalos del Señor: ¡Oh sorpresa!, dejar la Casa Manresa, por un tiempo, para ir a vivir una experiencia de inmersión en la Comunidad San Pedro Canisio S.J., en concreto, ir a vivir con otros Jesuitas.

Y de nuevo la expectativa, ir a vivir a una casa tan grande, con personas que no conocía, en procura de conocer y vivir de primera mano el día a día de un Jesuita. Pues allá fui, nuevamente confiado en que, si el Señor llama y pone los medios, es Él mismo quien sostiene y auxilia para ser perseverantes.

Ya viviendo a diario con la Comunidad San Pedro Canisio, S.J., pude experimentar de primera mano la cercanía y fraternidad de todos los miembros de la casa, —aunque sea tan grande físicamente—, ver y sentir cómo todos se preocupan por los problemas o el día a día que tenga su hermano Jesuita, por sus trabajos, por sus familias, por sus angustias, como verdaderos y auténticos compañeros en el Señor.

Cercanía, afecto y comprensión, el sentirse unos y otros como verdaderos compañeros en el Señor, que se hacía patente en la celebración de la Eucaristía, donde ellos y yo orábamos los unos por los otros, y que también se hacía evidente en el compartir de la mesa. De todo esto me hicieron partícipe los Jesuitas con quienes, por regalo del Señor, pude convivir por algo más de un mes, como un miembro más de la Comunidad San Pedro Canisio, S.J.

Me sentí realmente acogido y, con el pasar de los días me fui encariñando y apreciando aquel lugar como mi verdadera casa, tanto que al final sentí mucha nostalgia de irme. Sin embargo, con sentimientos encontrados, partí profundamente agradecido con el Señor, que, insisto, no se deja ganar en generosidad, y con todos los integrantes de la Comunidad de la Curia, los cuales, sin excepción, me hicieron sentir uno con ellos, un miembro más, por decirlo de alguna manera, un Jesuita más.

En la querida Comunidad San Pedro Canisio S.J. pude vivir y celebrar la Eucaristía, ver cómo es el día a día de un Jesuita, escuchar sus angustias, sus alegrías, sus tristezas, lo que hacen diariamente, su misión apostólica; en el rostro de todos, en el compartir en la mesa, en un gesto, en una palabra, en una conversación espontánea, viendo un partido de fútbol, pude descubrir y notar que viven auténticamente la vocación a la que el Señor los llamó, de una manera feliz, libre y responsable.

Esa libertad y responsabilidad me sobrecogió de tal manera que así quisiera vivir también, siendo feliz, libre y responsable, en la libertad que solo ofrece el seguimiento vivo y auténtico de Jesús, con la certeza de saberme profundamente amado y sostenido por el Señor, trabajando en la misión por la construcción del Reino que Él quiera encomendarme. Por todo el cariño y el bien recibido no puedo sino decir y dar Gracias, mil y mil Gracias, al buen Dios, a la Compañía de Jesús y a la Comunidad Jesuítica San Pedro Canisio, S.J., donde Jesús se ha hecho cercano y patente de un modo admirable en mi vida, regalándome, sin reservas, su Amor y su Gracia.