Carta a Dios de un joven que busca la verdad

  • Vocaciones Jesuitas Colombia
  • Autor: Jóvenes en Discernimiento Vocacional

El grupo de jóvenes que viven en proceso de discernimiento vocacional a la vida religiosa en la Compañía de Jesús, y que camina en un itinerario pascual junto a las huellas del resucitado, recibió la visita virtual del P. Francisco de Roux Rengifo, religioso jesuita y presidente de la comisión de la Verdad en Colombia. Se le preguntó al Padre de Roux, cómo entiende él el rol que juega el Espíritu Santo en la búsqueda de la verdad. A partir del dialogo, varios jóvenes comparten su experiencia.

Algunos puntos que recogen el mensaje del Padre de Roux, a los jóvenes en discernimiento, fue:


1) Los jesuitas tienen por encargo de la Iglesia colaborar en la misión de reconciliación que Dios lleva en el mundo. Tal desafío implica leer qué es aquello que el Espíritu de Dios dice y hace en cada uno.

2) La búsqueda de la verdad, especialmente en Colombia, tiene que ver con esclarecer qué fue lo que nos pasó como país, como sociedad cristina, y mayoritariamente católica, para que llegáramos al horror de una guerra que lleva ya más de un millón de víctimas.


3) Decir la verdad cuesta mucho. El primer paso, será apelar a la sinceridad, para abrir la puerta al Espíritu Santo, y que Él pueda trabajar en cada uno. Hemos de ser un libro abierto con las personas que nos rodean, tapar los errores no es la salida.

4) Partamos del hecho que, sea como sea que haya sido nuestra historia, en la mayoría de las circunstancias hemos sufrido, y hemos hecho sufrir a otros.

5) Cuando la persona se comprende en su propia fragilidad, se acepta en sus falencias, es más fácil acoger al otro. Toda persona es falible, las personas se equivocan. Todos necesitamos el perdón.

6) Solamente desde la verdad sobre uno mismo es posible pedir la verdad a otro. Para llegar a la verdad hemos de ser verdad frente al Otro, para que Dios que es puro don frente al ser humano nos conceda la Verdad.

A continuación una carta que escribió de uno de los jóvenes en discernimiento después de escuchar al P de Roux:


Hola Señor, te escribo desde mi casa, desde mi corazón. Ya sé que me conoces mejor que yo mismo, y
justamente te escribo en medio de esta tempestad para descubrir eso que soy. Me presento Señor, con estas palabras con las que puedo entrar en contacto con mis hermanos, en donde viajan mis sentimientos y con las que puedo dibujar mi alma y desde ella preguntarme por esta realidad que me sobrepasa.


El confinamiento que vivimos nos ha puesto frente a un mundo cada vez más extraño, cada vez más lleno de incertidumbre. En los noticieros, vemos a un mundo con miedo, vemos a un mundo con dirigentes tan desesperados como nosotros, y me es imposible dejar de recordar tantas quejas banales, miopes a tus caricias y consuelos por las que hoy te pido perdón.


Porque a veces, y aunque me cueste aceptarlo, me siento derrotado, sin fuerzas, sin la capacidad de entender lo que pasa. Y te pido, te llamo y me siento ayunando de ti, te necesito. Y es aquí, en mi debilidad, en mi inconstancia donde te busco, donde te dejas encontrar. 

Te muestras en medio de las presiones externas, en medio de las caídas y frustraciones, incluso en la niebla espesa de la melancolía que me reduce, disminuye y aniquila, esa que nubla la mirada y me impide conmoverme con el hombre que sangra ahí en la acera opuesta.


Y es gracias a este silencio cargado de tu palabra y de mi fragilidad que nos encontramos, es en el silencio donde me respondes, invitándome a poner tu amor en mi corazón, a poner tu luz en mi mirada. A recibir con gratitud mi presente, que es regalo y que es gracia. Y confío en que eres el amor que me envías con la ternura de mi madre cuando me dice “Dios te bendiga”. y que donde no veo amor es donde debo ir a mostrarte humano, a seguir tus enseñanzas e imitar tus criterios.


Así Señor, te busco primero en mi propia realidad, para que sea desde esa primera verdad -mi verdad,
siempre parcial- con la que me presento ante ti, desnudo de máscaras y fantasías. Me presento para pedirte la capacidad de perdonar primero mis errores y desde ahí los ajenos.

 
Te pido que me hagas capaz de entender que la Verdad es una persona y se llama Jesucristo y nos envía su espíritu, con el que ya no hacen falta elucubraciones, con el que nos invitas a jugarnos la vida, a confiar, a amar. 


Y así es, te amo Señor.

Para conocer otras experiencias de jóvenes en discernimiento, a partir de la visita del padre
de Roux, puede abrir aquí el texto: “El Espíritu Santo en la búsqueda de la verdad.PDF”